LA ORDEN DEL TEMPLE
Por Manela Delgado ( Historiadora)
Los Caballeros Templarios o La Orden del Temple fue una orden medieval de carácter religioso y militar, nacida después de la primera cruzada. Fue fundada en 1118 en Jerusalem. La componían nueve caballeros entre los que se encontraba Hugo de Payens.
Su nombre original fue Orden de los Pobres Caballeros de Cristo (Pauperes Conmilitones Christi). El nombre más conocido y popular es el de Caballeros templarios o Caballeros del Templo de Salomón (Milites Templi Salomonis). Esta denominación es posterior y tiene su origen en el Templo de Salomón, lugar en el que se instalaran los caballeros.
A finales del siglo X, Europa occidental se empieza a recuperar económicamente, el comercio experimentó un auge. Este crecimiento económico facilita el renacer de las ciudades y un crecimiento de la población. Así mismo, las invasiones territoriales son menores y poco a poco se empiezan a controlar.
El sentimiento religioso aumenta, gracias al papel de la Iglesia en los siglos anteriores, que habían introducido unos ideales relacionados con Dios- Paz o la defensa de los más débiles ( ideas que serán asumidas por el ideal caballeresco), y que no estaba reñida con la lucha o la guerra ( siempre que fuera en favor de Dios y la religión)
Existía, pues, un sentimiento religioso que se manifestaba en las peregrinaciones a lugares santos, habituales en la época. Las tradicionales peregrinaciones a Roma fueron sustituidas paulatinamente a principios del siglo XI por Santiago de Compostela y Jerusalén. Estos nuevos destinos no estaban exentos de peligros, como salteadores de caminos o fuertes tributos de los señores locales, pero el sentimiento religioso arrastraron a muchos peregrinos, que al volver a Europa relataban sus penalidades.
Origen
La petición de ayuda realizada por los bizantinos, junto con la caída de Jerusalén en manos turcas, propició que en el Concilio de Clermont (noviembre de 1095) Urbano II, el papa de la época, convenciera al resto de asistentes que existían numerosos peligros para aquellos peregrinos que acudían a Jerusalem, y que por lo tanto necesitaban protección. Por otro lado, Urbano II pretendía liberar la ciudad del control musulmán. Este primer concilio convoca la primera cruzada al grito de “Dios lo quiere” – “Deus vult”-
Los señores responderán al llamamiento de Urbano II, atendiendo a las recompensas espirituales que se les había prometido1 y al ansia de conseguir riquezas.
La primera cruzada culminó con la conquista de Jerusalén en 1099 y con la constitución de principados latinos en la zona: los Condados de Edesa y Trípoli, el Principado de Antioquía y el Reino de Jerusalén, en donde Balduino I no tuvo inconveniente en asumir, ya en 1100, el título de rey.
Balduino II de Jerusalén cede el Templo de Salomón a Hugo de Payens y Godofredo de Saint-Omer.
Apenas creado el reino de Jerusalén y elegido Balduino I como su primer Rey, algunos de los caballeros que participaron en la Cruzada decidieron quedarse a defender los Santos Lugares, y a los peregrinos cristianos que iban a ellos. Ésta fue, en principio, la misión primeros caballeros fundadores.
El monarca, Balduino I, no tuvo ningún inconveniente, teniendo en cuenta que necesitaba organizar el nuevo reino y que no tenía demasiados recursos humanos para protegerlo. Para ello, se les concedió un lugar para vivir situado en el palacio : la mezquita de Al-Aqsa, que en su día había sido el recinto del Templo de Salomon. Así mismo, se les otorgó privilegios, derechos.
Cuando el Balduino I se traslada a la Torre de David, todas las instalaciones del palacio pasaron a manos de dichos caballeros, que da nacimiento a la Orden de los Templarios.
Por recomendación del monarca, los príncipes y reyes más importantes de Europa prestan ayuda a la nueva orden, que había sido muy bien recibida por la iglesia, puesto que en ellos se aunaban todos los ideales que dicha institución preconizaba.
Nueve años después de la creación de la Orden en Jerusalén- en 1128 - se reúne el Concilio de Troyes que se encargara de redactar la regla de la recién nacida orden de los Pobres Caballeros de Cristo. Hugo de Payens expuso las necesidades de la orden, y se decidieron artículo por artículo hasta los más nimios detalles de ésta, como podían ser desde los ayunos hasta la manera de llevar el peinado, pasando por rezos, oraciones e incluso armamento.
La regla del temple más antigua que se conoce es la concedida por San Bernardo al Patriarca de Jerusalen y que éste reformó antes de entregársela a Hugo de Payens. La orden constaba de un acta oficial del Concilio y un reglamento de 72 artículos entre los que se encontraban algunos como:
Articulo X: Del comer carne en la semana. En la semana, sino es en el dia de Pascua de Natividad, o Resurrección, o festividad de nuestra Señora, o de Todos los Santos, que caygan, basta comerla en tres veces, o dias, porque la costumbre de comerla, se entiende es corrupción de los cuerpos. Si el Martes fuere de ayuno, el Miercoles se os de con abundancia. En el Domingo, assi a los Cavalleros, como a los Capellanes, se les de sin duda dos manjares, en honra de la santa Resurrección; los demás sirvientes se contenten con uno, y den gracias a Dios.2
.La regla fue modificada por el patriarca de Jerusalem. Eliminó doce articulos e introdujo veinticuatro entre los que se encuentra el que hace referencia a vestir el manto blanco.
La cruz paté roja, tan típica de la indumentaria de los templarios, se incorporó posteriormente.
El manto blanco simbolizaba la inocencia y pureza del caballero mientras que la cruz roja, simbolizaba su martirio.
Una vez redactada la regla básica, cinco de los nueve integrantes de la orden viajaron encabezados por Hugo de Payens, por Francia primero y por el resto de Europa después, recogiendo donaciones y alistando caballeros en sus filas.
Durante este viaje consiguieron reclutar en poco tiempo cerca de 300 caballeros sin contar escuderos, hombres de armas o pajes.
El papel de Bernardo de Claraval3 fue importante para la orden, puesto que, gracias a su influencia, dio a conocer la Orden en la corte papal y entre los señores más importantes de la época.
Claraval se caracterizó por ser un fanático religioso, y en muchos lugares era incluso temido. Luchó contra la orden de Cluny y contra Pedro Abelardo, brillante maestro de la época cuyas enseñanzas Bernardo encontraba peligrosas. Así mismo, ayudó a Hugo de Payens redactando una serie de cartas en las que defendía a la Orden Del Temple como el verdadero ideal de la caballería e invitaba a las masas a unirse a ella.
Los privilegios de la Orden fueron confirmados por las bulas Omne datum optimum (1139), Milites Templi (1144) y Militia Dei (1145). En ellas, de manera resumida, se daba a los Caballeros del Temple una autonomía formal y real respecto a los Obispos, dejándolos sujetos tan sólo a la autoridad papal; se les excluía de la jurisdicción civil y eclesiástica; se les permitía tener sus propios capellanes y sacerdotes, pertenecientes a la Orden; se les permitía recaudar bienes y dinero de variadas formas (por ejemplo, tenían derecho de óbolo -esto es, las limosnas que se entregaban en todas las Iglesias- una vez al año). Además, se les daban derecho sobre las conquistas en Tierra Santa, y les concedía atribuciones para construir fortalezas e iglesias propias, lo que les dio gran independencia y poder.
Durante su estancia inicial en Jerusalén se dedicaron únicamente a escoltar a los peregrinos que acudían a los santos lugares, y ya que su escaso número no permitía que realizaran actuaciones de mayor magnitud. De todos modos es posible que hubieran un número mayor de caballeros, aunque se desconoce exactamente cuantas serían. Se ha considerado que cada caballero dispondría de 3 a 4 personas ( escuderos, peones…) lo que supondrían 30-50 personas.
Hay que señalar, que una vez aprobada la regla el número de caballeros aumento considerablemente. Unos 50 años después de su fundación se extendían por Francia, Alemania, España, Portugal, etc, lo mismo que lo hicieron sus riquezas.
Si eso pasaba en Europa en Tierra Santa la situación era distinta, puesto que las derrotas ante Saladino les hacen perder territorios, entre ellos la ciudad de Jerusalem, y consecuentemente con el reino que Balduino I había creado.
Sin embargo la Tercera Cruzada y, sobre todo, el buen hacer de Ricardo I de Inglaterra (llamado Corazón de León) lograron de Saladino un acuerdo para convertir Jerusalén en una especia de "ciudad libre" para el peregrinaje.
Despúes de la derrota de Hattin, las cosas fueron de mal en peor y en 1244 cae definitivamente Jerusalén, y los Templarios se ven obligados a trasladar los cuarteles a San Juan de Acre, junto con las otras dos grandes órdenes: los Hospitalarios y los Caballeros Teutónicos.
Las posteriores Cruzadas (esto es, la Cuarta, la Quinta y la Sexta) las derrotas se suceden una tras otra, lo que les lleva en 1291 a salir definitivamente de Tierra Santa, y a instalarse en Chipre.
Tras su expulsión de Tierra Santa intentaran penetrar en Oriente Medio a través de Chipre, siendo la única de las tres órdenes que lo consiguiera ( el resto de órdenes se interesan por otros lugares). Pero el esfuerzo de los caballeros serár inútil, básicamente porque la mentalidad en Europa ha cambiado, y la conquista de los Lugares Santos ya no es de interés, por lo que se encuentran solos.
Los templarios y la Corona de Aragón
La orden se implanta en la parte oriental de la Península Ibérica 1130. En 1131. En 1131, el conde de Barcelona, Ramon Berenguer III pide poder entrar en la orden. En 1134 Alfonso I de Aragón a su muerte, les cede su reino, junto a otras órdenes. El testamento será objeto de disputa entre los nobles y las diferentes órdenes, puesto que éstos no aceptan que los caballeros se hagan con el control. Finalmente, los nobles entregan la corona a Ramiro II, después de que las diferentes órdenes renunciaran al testamento a cambio de tierras y beneficios comerciales.
Ramiro II, llegará a un acuerdo con los templarios para que participen en la “Reconquista”. En la Concordia de Gerona de 1143 recibieron los castillos de Monzón, Mongay, Remolins, etc, derechos de conquista ( un quinto de las tierras conquistadas, el diezmo esclesiástico, etc…)
cobradas a los reinos taifas). También, según estas condiciones, cualquier paz o tregua tendría que ser consentida por los templarios, y no sólo por el rey.
Como en toda Europa, numerosas donaciones de padres que no podían dar un título nobiliario más que al hijo mayor, y buscaban cargos eclesiásticos, militares, cortesanos o en órdenes religiosas, enriquecieron a la orden.
En 1148, por su colaboración en las conquistas del sur de Cataluña, los templarios recibieron tierras en Tortosa (de la que tras comprar las partes del rey y los genoveses quedaron como señores) y de Lérida (donde se quedaron en Gardeny y Corbins). Después de 1153, con la caida de las últimas regiones, reciben Miravet, un enclave importante por el paso del río Ebro.
Después de la derrota de Muret, serán los responsables de custodiar al heredero de la corona catalana-aragonesa: Jaume I el Conqueridor, que contará con el apoyo de la orden en la conquista de Mallorca (donde recibirían un tercio de la ciudad, así como otras concesiones en ella), y en Valencia (donde de nuevo recibieron un tercio de la ciudad).
Los templarios ayudaron a la repoblación de zonas conquistadas por los cristianos, creando asentamientos en los que edificaban ermitas, como Hervás, población del Señorío de Béjar.
Ante la invasión almohade, los templarios lucharon en el ejército cristiano, venciendo junto a los reinos de Castilla, Navarra y Aragón en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212).
En 1265, colaboraron en la conquista de Murcia, que se había levantado en armas, recibiendo en recompensa Jerez de los Caballeros, el castillo de Murcia y Caravaca.
Felipe IV de Francia tenía como objetivo crear un estado fuerte y concentrar todo el poder en su persona. Ello suponía enfrentarse directamente con la Iglesia y con las diversas órdenes religiosas en los que se encontraban los Templarios. Así mismo, el país había adquirido diversas deudas para pagar su rescate tras ser capturado en la VII Cruzada, y necesitaba conseguir de algún modo ese dinero4. El monarca no dudó en “convencer” ( más bien amenazó) al Papa Clemente V para que iniciase un proceso contra todos los templarios acusándolos de sacrilegio, herejía, sodomía y adoración a ídolos paganos ( fueron acusados de escupir a la cruz, renegar de Cristo a través de ritos heréticos o de tener relaciones homosexuales, entre otras cosas)
Guillermo de Nogaret, Guillermo Imberto ( Inquisidor de Paris) o Esguerrand de Marigny ( quien después de apoderara del tesoro del Temple y lo gestionará en nombre del monarca) serán los encargados de llevar a cabo todos los procesos de acusación.
Felipe envió bandos reales a todos los lugares del reino, en los que ordenaba la detención de todos los templarios y el requisamiento de sus bienes.
Jacques de Molay, último gran maestre de la orden, y 140 templarios fueron encarcelados y sometidos a torturas, método por el cuál consiguieron que la mayoría de los acusados se declararan culpables de los cargos, inventados o no. Cierto es que algunos efectuaron similares confesiones sin el uso de la tortura, pero lo hicieron por miedo a ella; la amenaza había sido suficiente. Tal era el caso del mismo gran maestre, Jacques de Molay, quien luego admitió haber mentido para salvar la vida.
Llevada a cabo sin la autorización del Papa, quien tenía a las órdenes militares bajo su jurisdicción inmediata, esta investigación era radicalmente corrupta en cuanto a su finalidad y a sus procedimientos, pues los templarios habían de ser juzgados con respecto al derecho Canónico y no por la justicia ordinaria. Esta descarada intervención del poder temporal en la esfera de personas que estaban aforadas y sometidas por ello a la jurisdicción papal, no sólo produjo de Clemente V una enérgica protesta, sino que el Pontífice anuló el juicio íntegramente y suspendió los poderes de los obispos y sus inquisidores. No obstante, la acusación había sido admitida y permanecería como la base irrevocable de todos los procesos subsiguientes.
Pero Felipe deseaba bajo cualquier concepto desacerse de la órden y para ello logró que se confirmaran delante del Papa las confesiones de setenta y dos presuntos templarios acusados, quienes habían sido expresamente elegidos y entrenados de antemano. En vista de esta "investigación" realizada en Poitiers (junio de 1308), el Papa, que hasta entonces había permanecido escéptico, finalmente se mostró interesado y abrió una nueva comisión, cuyo proceso dirigió él mismo. Reservó la causa de la Orden a la comisión papal, dejando el juicio de los individuos en manos de las comisiones diocesanas, a las que devolvió sus poderes.
Se convocó un Concilio General para decidir sobre el destino final de la Orden. Aunque la defensa del Temple fue efectuada deficientemente, no se pudo probar que la orden, profesara doctrina herética o que una regla secreta, distinta de la regla oficial, fuese practicada. En consecuencia, en el Concilio General de Vienne, en el Delfinado, el 16 de octubre de 1311, la mayoría fue favorable al mantenimiento de la Orden, pero el Papa, indeciso y hostigado por la corona de Francia, adoptó una solución salomónica: decretó la disolución de la Orden (bula Vox clamantis del 22 de marzo de 1312).
El Papa reservó para su propio arbitrio la causa del Gran Maestre y de sus tres primeros dignatarios. Ellos habían confesado su culpabilidad y sólo quedaba reconciliarlos con la Iglesia una vez que hubiesen atestiguado su arrepentimiento con la solemnidad acostumbrada. Para darle más publicidad a esta solemnidad, delante de la catedral de Nôtre-Dame fue erigida una plataforma para la lectura de la sentencia, pero en el último momento, Molay recuperó su coraje y proclamó la inocencia de los templarios y la falsedad de sus propias supuestas confesiones, y se declaró dispuesto al sacrificio de su vida.Fue arrestado inmediatamente como herético reincidente, junto a Geoffroy de Charnay. Ambos murieron atados a una estaca frente a las puertas de Notre Dame en l'Ille de France el 18 de marzo de 1314.
En los otros países europeos, las acusaciones no fueron tan severas, y sus miembros fueron absueltos, pero, a raíz de la disolución de la orden, los templarios fueron dispersados. Sus bienes fueron repartidos entre los diversos Estados y la Orden de los Hospitalarios. Pero en los diversos reinos surgieron diversas órdenes militares que tomaron el relevo a la disuelta, como la Orden de los Frates de Cáceres o de Santiago, la Montesa (en Aragón), la Calatrava o la Álcantara, a las que se concedió la custodia de los bienes requisados.
Actualmente se encuentra en los archivos secretos vaticanos el pergamino de Chinon, que contiene la absolución del papa Clemente V a los Templarios Aun cuando este documento tiene una gran importancia histórica, pues demuestra la vacilación del Papa, nunca fue oficial y aparece fechado con anterioridad a las Bulas "Vox in excelso", "Ad providam" y "Considerantes", donde se procedió a la disolución de la Orden y la distribución de sus bienes. En concreto el Manuscrito de Chinon está fechado en agosto de 1308. En esas mismas fechas (agosto de 1308), el Papa emite la Bula "Facians Misericordiam", donde confirma la devolución de la jurisdicción a los inquisidores y emite el documento de acusación a los templarios, con 87 artículos de acusación. Asimismo, emite la bula "Regnans in coelis", por la que convoca el Concilio de Vienne. Por tanto, estas dos bulas, que sí fueron promulgadas oficialmente, tienen validez desde el punto de vista canónico, mientras que el documento de Chinon es un mero "borrador" de gran importancia histórica, pero escasa importancia jurídica.
El proceso contra los Templarios
El jueves 25 de octubre de 2007, los responsables del Archivo Vaticano publicaron el documento “Processus contra Templarios”, que recopila el Pergamino de Chinon, o las actas de exculpación del Vaticano a la Orden del Temple, precisamente el año en que se conmemora el 700 aniversario del inicio de la persecución contra el Temple.
Los documentos que sirvieron al Tribunal papal para decidir la suerte de los templarios se encuentran en el Archivo Secreto del Vaticano, y se habían extraviado desde el siglo XVI, tras que un archivero los guardase en un lugar erróneo. En 2001, la investigadora italiana Bárbara Frale los encontró y su estudio mostró que el Papa Clemente V no quiso en principio condenar a los Templarios, aunque finalmente, cediendo a las presiones francesas, terminaría haciéndolo.
En resumen, a la vista de los documentos históricos cabe resumir que, aunque el Papa Clemente V intentara evitar la condena a los templarios, su debilidad frente a Felipe V de Francia hizo que continuara con el proceso de disolución de la Orden. Este proceso de disolución acaba en 1312.
¿Dónde radica la importancia de la Orden del Temple?
Cien años después de su fundación hacia 1220, eran la Organización más grande de Occidente, en todos los sentidos (desde el militar hasta el económico), con más de 9.000 encomiendas repartidas por toda Europa, unos 30.000 caballeros y sargentos (más los siervos, escuderos, artesanos, campesinos, etc.), más de 50 castillos y fortalezas en Europa y Oriente Próximo, una flota propia anclada en puertos propios en el Mediterráneo (Marsella) y en La Rochelle (en la costa atlántica de Francia).
Todo este poder económico se articulaba en torno a dos instituciones: la Encomienda y la Banca.
La BANCA creció rápidamente y permitió afianzar todo un sistema económico sin precedentes en la historia. La defensa en ultramar permitió crear una red de comercio estable, una gran flota marina que permitiera abastecer el ejército defensor de Tierra Santa.
Las donaciones fueron muchas, atendiendo a las creencias de la época “ era una manera de ganarse el cielo”, y por lo tanto lo hacían voluntariamente y de buena gana. Ello contribuyó a incrementar las posesiones de la Orden: títulos, tierras e incluso pueblos o villas pasaron a engrosar sus bienes. Muchos nobles europeos confiaron en ellos como guardianes de sus riquezas e incluso muchos templarios llegaron a ser tesoreros reales, como en el caso del reino francés.
Para mantener un flujo constante de dinero, la orden tenía que tener garantías de que el capital no fuera usurpado o robado en lo largos viajes. Con este fin se estableció en Francia una serie de redes de encomiendas que se ubicaban por prácticamente toda la geografía francesa y que no distaban unas de otras más que un día de viaje. Con esta idea se aseguraban que los comerciantes durmieran siempre a resguardo del temple y poder así garantizar siempre la seguridad de sus caminos.
No solo supieron crearse todo un sistema de mercado, sino que se convirtieron en los primeros banqueros desde la caída de Roma. Y lo hicieron a sabiendas de la escasez de moneda en la vieja Europa y ofreciendo en sus tratos intereses mucho menos usurarios que los ofrecidos por los mercaderes judíos.
La ENCOMIENDA es un bien inmueble, territorial, localizado en determinado lugar, que se formaba gracias a donaciones y compras posteriores y a cuya cabeza se encontraba un Preceptor. Así, a partir de un molino (por ejemplo) los templarios compraban un bosque aledaño, luego unas tierras de labor, después adquirían los derechos sobre un pueblo, etc., y con todo ello formaban una encomienda, a manera de un feudo clásico. También podían formarse encomiendas reuniendo bajo un único preceptor varias donaciones más o menos dispersas.
Este entramado de encomiendas derivó en una potente red de comercio que se extendía desde Inglaterra hasta Jerusalén, que ayudadas por una potente flota de barcos en el Mediterráneo consiguió hacerle la competencia a los mercaderes italianos (sobre todo, de Génova y Venecia). La gente confiaba en el temple, sabían que sus donaciones y sus negocios estaban asegurados y por ello no dejaron nunca de tener clientela. Llegaron hasta el punto de hacerles préstamos a los mismísimos reyes de Francia e Inglaterra.
Sin embargo, sus operaciones económicas siempre tuvieron como meta el dotar a la Orden de los fondos suficientes como para mantener en Tierra Santa un ejército en pie de guerra constante.
Los templarios tuvieron uno de sus más lucrativos negocios en la comercialización de reliquias: fragmentos de lignum crucis o el óleo del milagro de Saidnaya5
Las leyendas de la Orden del Temple
La orden del Temple ha estado siempre vinculada con historias, leyendas, y mitos de los cuales no existen pruebas plausibles y concluyentes.
El hecho de que la orden naciera bajo el dominio expreso de solamente nueve caballeros y se mantuviera fuertemente así durante un periodo de nueve años, a pesar de los esfuerzos de Balduino I por hacerles reclutar más caballeros, ha dado origen a las historias y leyendas que afirman que se establecieron en Jerusalén buscando "algo" que tardaron nueve años en encontrar.
Entre los temas más destacados podemos encontrar las leyendas sobre el descubrimiento del Santo Grial, en cualquiera de las acepciones que conforman la leyenda.
También se cuenta que durante esos nueve años que los monjes pasaron en el templo de Salomón, excavaron y encontraron un fabuloso tesoro, que podía ser, desde el antiguo tesoro del Rey Salomón que se hallaría en el Arca de la Alianza que estaba enterrada bajo el templo.
Muchas son las leyendas que se relacionan con la Orden del Temple, y aquí presentamos algunas:
Con frecuencia, la literatura esotérica sobre los templarios incluye a los cátaros, una herejía medieval que también plantea numerosas incógnitas. Esta relación se ve reforzada porque ambos grupos tenían su mayor implantación en el sur de Francia.
Es factible pensar que cátaros ingresaran en la orden, de lo cual existen registros en la encomienda de Másdeu. Probablemente podría acudirse a un mutuo sentimiento de simpatía en ciertas regiones muy determinadas de Francia o de la Corona de Aragón. Pero, desde luego, puede afirmarse con rotundidad que la generalidad de los templarios no fueron adeptos al catarismo.
El tesoro de los Templarios, sea cual fuere la naturaleza de éste, también es otro tema muy dado a la fantasía. Las riquezas de los templarios parecen haber sido el motivo por el que Felipe de Francia para eliminar a la orden. Sin embargo, la leyenda dice que cuando tomó posesión de los edificios del Temple en París, no pudo encontrarlo.
¿Dónde está, pues, ese tesoro, si es que no se encontró? Hay varias opciones: la primera, en el castillo de Arginy, en la región francesa de Beaujolais, donde la tradición dice que el templario Francisco de Beaujeu escondió el tesoro del "Vieux Temple", y donde los Rosemont, propietarios del castillo desde 1883, hicieron numerosas excavaciones que abandonaron por "miedo". Lo cierto es que nunca se ha encontrado nada.
La segunda, en el castillo de Gisors, cerca de París. Allí, en 1944, Roger Lhomoy (jardinero) excavó un túnel debajo del castillo, tras el que dice que encontró una capilla románica, con 19 sarcófagos y treinta armarios de metal noble. Comunicó su hallazgo a las autoridades pero nadie le hizo caso. Incluso después, ciertas autoridades arqueológicas le tildaron de enfermo mental. Pero, tesoro o no tesoro, parece ser que en 1964, la zona fue militarizada, controlada por el ejército y fuertemente vigilada.
Lo cierto es que tras la disolución de la orden del Temple hubo un reflote de la moneda de plata francesa. Como es bien sabido, en estas economías medievales, la devaluación de una moneda estaba en proporción directa con la cantidad de metal noble con el que se acuñaban. Ese repunte de la moneda francesa indica bien a las claras que Felipe el Hermoso obtuvo, en las mismas fechas, una ingente cantidad de plata que no pudo obtenerlas de las recientemente agotadas minas de plata francesa, ni tampoco del expolio realizado a los judíos tan sólo tres años antes. Este repunte en la economía francesa coincide con la caída del Temple.
La flota templaria anclada en La Rochelle es otro misterio, pues se desvaneció como si nunca hubiera existido. Hay constancia histórica de la existencia de esa flota, pero lo cierto es que Felipe "el Hermoso" nunca pudo echar mano de ella. También existe documentación que afirma que la mañana del 13 de Octubre de 1307, doce galeras con la cruz paté en sus velas partieron del puerto de la Rochelle con rumbo desconocido y que una de ellas fue avistada al norte de Escocia acercándose a tierra firme.
El destino de la flota es un misterio. La teoría más factible asegura que la flota se dirigió hasta Escocia, donde reinaba Robert Bruce, que estaba excomulgado por el Papa Clemente y cuyos territorios estaban colocados en interdicto. Reino en el que, evidentemente, el rey no tendría muchos reparos en no cumplir las bulas papales y que se hallaba inmerso en una lucha a vida o muerte con Inglaterra, razón por la cual Robert Bruce debería haber acogido con los brazos abiertos a los caballeros templarios, expertos guerreros. Se llega a decir que la victoria decisiva de Escocia sobre Inglaterra en la Batalla de Bannockburn fue debida a una carga de caballeros templarios.
Relaciones con la Orden de Sión
Hay una leyenda que afirma el acercamiento entre ambas órdenes en Tierra Santa. De hecho se sabe que La Orden de Sión nace a manos de Godofredo de Bouillon en 1090 y que en 1099 instala su sede en Jerusalen. Cuenta la leyenda que ambas órdenes compartían secretos e incluso maestres y que ambas estaban bajo la única autoridad del Papa.
De hecho, se cree que los canónigos pertenecientes a la Orden del Santo Sepulcro eran, en realidad, los primeros caballeros de la Orden de Sion que más tarde se iniciarían dentro del Temple. Esto llevó a pensar que el brazo armado de la Orden de Sión era el Temple.
Se supone que ambas órdenes finalizaron sus relaciones debido a la "tala del olmo" en 1188. Este suceso, es en realidad una corrupción de otro hecho histórico que en realidad sucedió en Gisors y que se produjo entre Enrique II de Inglaterra y Felipe II de Francia. La leyenda continúa diciendo que algunos de los grandes maestres del Temple lo fueron también de la orden de Sión y que la orden estuvo funcionando hasta siglo XX bajo la dirección de maestres como Leonardo Da vinci o Sir Isaac Newton. Esta última leyenda surge, principalmente, de los falsificados Dossiers secretos de Pierre Plantard.
Toda esta confusión proviene, sobre todo, de la identificación entre la histórica Orden de Sión, fundada por Godofredo de Bouillon y el mítico Priorato de Sion, creado por Pierre Plantard.
La leyenda de la maldición del último Maestre
Cuando iba a ser quemado en la hoguera, Jacques de Molay, frente a la condenó públicamente al papa Clemente V y a rey de Francia Felipe V. Antes de su muerte les predijo que en el plazo de un año, antes del día de todos los Santos el papa y el rey morirían. La leyenda dice también que Molay maldijo a los hijos de los hijos del rey Felipe V hasta la 13ª generación a morir y a tener reinados desgraciados. Curiosamente el último descendiente de Felipe V, fue Luís XVII- quien fue guillotinado durante la Revolución Francesa-
Los templarios en la actualidad
Debido a la poca información que se tiene sobre la disolución del Temple son muchas las organizaciones que se han proclamado sucesores directos de la misma. Según una lista de organizaciones creada por la Santa Sede en 1981, existen más de cuatrocientas.
La mayoría de ellas no son sino grupos de pantalla para cubrir otros fines, con prácticas que bordean el límite de lo lícito, y, algunas otras, con un claro comportamiento sectario (como la famosa secta Orden del Templo Solar).
Algunas asociaciones, sin embargo, dedican su trabajo a fines altruistas (los Caballeros de la Alianza Templaria, contra la droga, por ejemplo) o a fines menos prácticos pero inocuos (La Orden de los Caballeros del Temple y de la Virgen María y su dedicación a la alquimia) o algunas "Hermandades o Maestrazgos" que en definitiva no son de linaje templario sino mas bien proyectos personales...
Algunas corrientes masónicas también dicen descender de los templarios, como la Estricta Observancia Templaria del Barón d'Hund, y algunos ritos masónicos tienen grados relacionados con los templarios. De hecho, Andrew Mitchell Ramsay, considerado el padre de la masonería como la conocemos hoy en día, afirmaría que los cruzados habían fundado la masonería en Tierra Santa, y que dicha masonería no era sino la Orden del Temple; así, la famosa Capilla Rosslyn sería atribuida sin fundamento a los templarios, dando inicio a leyendas en las que se dice que escondieron en su ornamentación las claves de su supuesto saber hermético y del lugar de su tesoro. También se crea de esta manera una inconexa e indocumentada relación con la masonería.
Pero ninguna de las organizaciones existentes hoy en día puede, en manera alguna, probar su efectiva y legal descendencia de la Orden fundada por Hugo de Payens.
UN RECORRIDO POR LOS DOMINIOS DEL TEMPLE
Domus Templi (los dominios del Temple) quiere ofrecer al visitante la posibilidad de conocer in situ la obra y la historia del Temple en la Corona de Aragón.
Se trata de un patrimonio arquitectónico singular y de gran interés histórico, hasta ahora muy poco conocido.
La ruta discurre básicamente por los territorios fronterizos de los antiguos reinos cristianos y musulmanes de las cuencas del Cinca y del Segre y la mayor parte del último tramo de la cuenca del Ebro, incluyendo el Maestrazgo y el norte de la actual provincia de Castellón. En estos territorios los templarios dispusieron de amplios dominios, que organizaron en grandes encomiendas como las de Monzón, Gardeny, Miravet, Tortosa y Peníscola.
Castillos-encomienda, torres, casas de campo, iglesias, conjuntos urbanos construidos en sus dominios, que en gran parte han llegado hasta nuestros días, están presentes a lo largo de toda la ruta y son el mejor testimonio de la huella que dejó el Temple en los antiguos reinos de la Corona de Aragón.
Para más información: http://www.lleida.org/domustempli
Bibliografía
BARBER, Malcom: "The Trial of the Templars". Cambridge. Canto Edition, 1993. (Barber, Malcolm (1999), El juicio de los templarios, Editorial Complutense. ISBN 978-84-89784-76-5.)
BARCELÓ,E.(1998). Los Templarios.
BORDONAVE, George: "La vie quotidienne des Templiers au XIIIe Siècle". París. Librarie Hachette, 1975. Hay Traducción al Castellano. De la serie "La vida cotidiana".
CLARAVAL, Bernardo de: "Elogio de la Nueva Milicia Templaria". Madrid. Ediciones Siruela, 1994. *DOMINGUEZ,Javier & FERRER,Ramón & MONTESINOS,Josep. (editores): Palacio del Temple. Real y Sacro Convento de Nuestra Señora de Montesa y Santa María del Temple, Ministerio de Administraciones Públicas, Universitat de València, Universidad Politécnica, CAM, Televisión Española. Libro + CD interactivo + Audiovisual, 2004.
DUBY, Georges: "Guillermo el Mariscal". Madrid. Alianza Editorial, colección El Libro de Bolsillo, 1997.
FRITZ, Sergio: "René Guénon y la función primordial de la "Orden de los Pobres Caballeros de Cristo" Artículo que aborda la visión e importancia dada por René Guénon a los templarios, especialmente en cuanto depositarios de la Tradición Primordial en Occidente.
GARRIDO, Luis,: 2003 "1001 Preguntas y Respuestas sobre los templarios". Ediciones Libro Hobby.
LAMY, Michelle: "La otra historia de los templarios". Editorial: MR 1999. Título original: "Les Templiers"
LEDESMA Rubio, MªL.(1982). "Templarios y Hospitalarios en el Reino de Aragón."
LYNN PICKNET-CLIVE PRINCE, 1997 "La Revelación de los Templarios". Prologo de Iker Jimenez. Ediciones Martínez Roca, S.A
MARTÍNEZ DIAZ, Gonzalo: "Los Templarios en la Corona de Castilla". Burgos. Editorial La Olmeda. 1993. Para una visión más detenida en Castilla. PARTNER, Peter: "El asesinato de los magos: los Templarios y su Mito". Barcelona. Martínez Roca, 1987. Interesante digresión. PASCUAL, Fernando, “Los templarios, más allá de la leyenda” (Revista Ecclesia 21 (2007), pp. 91-106)
ROBINSON, John. J. 1994 "Mazmorra, hoguera y espada". Editorial Planeta, título original: "Dungeon, Fire and Sword.
RUNCIMAN, Steven. "Historia de las Cruzadas". Madrid. Alianza Editorial, colección Alianza Universidad, 1985.
SANS I TRAVÉ, Josep Mª: "Els Templers Catalans", en "Els Ordes militars, nº 4. Lérida, Pagès Editors, 1996.
WALKER, Martin: "Historia de los Templarios". Barcelona. Edicomunicación, 1973.

Meneame
del.icio.us

No hay Comentarios »