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El Sendero del Delfín

elhiotroures @ 15:02

Ocurrió uno de esos Domingos por la mañana en los que cuando te levantas no sabes lo que hacer ni a donde ir. Le das mil vueltas a la idea de hacer algo, ¿pero qué?.   Harto de pensar y con una tremenda  sensación de aburrimiento me voy a la ducha con la idea de despejarme. 

Decido dar al agua fría, la reacción es tremenda. Me invaden dos deseos: salir inmediatamente o,  dar el grifo del agua caliente. Al final no sé lo que hice. De lo que sí  estoy seguro,  es que cuando salí del cuarto de baño, tenia unas tremendas ganas de irme a la playa. 

Serian las once de la mañana. Me encontraba sentado en la arena, a escasos metros del agua. Las olas del mar reflejaban una suave pasividad. Mi vista se perdía en la inmensidad del infinito.

Esta  observación me resultaba agradable. Apenas si había gente. La  temperatura era  ideal pues  apenas sí hacia viento. Detrás de mí,  los edificios de uno de los Barrios más modernos de Barcelona. A mi derecha el Puerto, a mi izquierda un embarcadero deportivo. Todo esto, en esos momentos no era importante.  Me acordaba de mi experiencia  de ; esto me genera una rara sensación de ansiedad; no deseaba reconectar, aun así, se apodero de mí una fuerte sensación de realizar un  nuevo  .

Cerré mis ojos; intente sentir sensaciones. Pensaba que seria capaz de crear las condiciones en esos momentos de ser cualquiera de los peces que en el interior de aquellas tranquilas aguas debían deambular de un lugar a otro. Pensé en las ballenas: demasiado grandes. Pensé en los tiburones: muy agresivos. ¿ Cómo me las ingeniaría para meterme en la mente de un delfín?.

Compartir experiencias con uno de estos seres debía resultar maravilloso. Captar sus sentimientos, ver; sentir, desplazarse.  Esta idea me fascinaba. Me decía a mí mismo:  si otras veces he conseguido cosas más difíciles, ¿ porque no lo voy ha hacer ahora?. Fue curioso,  en una fracción de segundo, abrí y cerré mis ojos tres o cuatro veces.  Mi contacto con el agua fue de una tremenda frialdad.

Por fin lo había conseguido. Me sentía muy a gusto.   Eso no fue una . Aun a pesar de ello había logrado mi objetivo. Mi vista y mis pensamientos se deslizaban por  aquellas aguas en el interior de algo fisiológicamente vivo, aunque  esto para mí no era importante. Mi embriaguez mental circunstancial no me daba más opción que la de observar el deambular, en todas direcciones de multitud de peces.  

Hubo algo curioso que de cuando en cuando me dejaba atónito: en contra de mi voluntad; aquel cuerpo devoraba sin piedad a algunos de aquellos pececillos. Aun así, esto no me preocupaba. La luz que traspasaba la superficie del Mar era alucinante, me producía reacciones de sosiego o inquietud en aquel cuerpo y  si, todo dependía de la intensidad de esta.  

Debieron pasar unas dos o tres horas, cuando por fin el dueño de ese cuerpo y yo decidimos poner su barriga sobre la superficie de un banco de arena que había en el fondo. Hasta ahí todo bien, lo que más me preocupo fue que al animal, por primera vez en su vida, el que algo energéticamente extraño  se acoplara en su cerebro, le generaba sensaciones de angustia e inseguridad. 

Yo pensaba que en esa situación y en aquel cuerpo estaríamos por tiempo indefinido.  No fue así; de pronto todo su cuerpo dio un tremendo impulso: verticalmente, en pocos segundos, sacamos nuestra cabeza a la superficie del agua. Al fondo, en la playa, a excesos metros del agua, había una persona, estaba sentad y con su  vista perdida en la inmensidad. Esto al delfín debió llamarle la atención pues  nos dirigimos hacia ese lugar y  mi sorpresa fue terrible: aquel cuerpo era el mío. El se dio cuenta.  Yo deseaba retornar, pues esta situación en el fondo  no me agradaba. Espera me dijo, ¿ si tu quieres?, durante unas horas mi mente puede ocupar tu cuerpo, yo deseo caminar, ansió conocer el mundo de los humanos e intentar conocer ese maravilloso ir y venir de las gentes por esos edificios que se ven al fondo.  Tu con mi cuerpo puedes ver las profundidades de mi mundo, conocer a los míos, compartir sus inquietudes y experimentar a fondo las reacciones de esa diezmada multitud de especies que pueblan las aguas de este pequeño gran Mar.   

La idea en principio me resultaba tentadora, pero el me daba miedo pues  ya había yo tenido otras experiencias de este tipo, y eso nunca suele acabar bien.  Él decía llamarse: Niuk Couk, tenia diecisiete años, era algo así como viudo, pues a su pareja la habían matado  de un arponzazo unos submarinistas que debieron confundirla con algún tiburón. Tenia más familiares que según él, en esos momentos deberían estar a la altura de las islas Canarias, destino a las costas de la Isla de Madagascar.  

Mentalmente le pregunte ¿por qué, él no estaba con ellos?. Me dijo que solo hacia un año de la muerte de su pareja. Que la fuerza que le unía a aquel lugar era infinita y que esperaba  que sus días acabasen ahí,  pues al final de ellos buscaría el camino que le llevase a Dios; pues Él le marcaría la Senda para encontrarse de nuevo en el Mas Allá,  con su pareja. ¿Tu crees en Dios?, le pregunte.  No pienses en nuestros cuerpos, me dijo él. ¿Dime?,  ¿ que diferencia hay entre tu y yo?,  ¿No crees que  a los ojos de Dios, yo soy más inteligente que tú?.. Nuestras Leyes y nuestra convivencia, a pesar de nuestras limitaciones; son más coherentes que las vuestras.  ¿ Acaso, tu no lo crees así?.

Mi decisión final fue la de mentalmente, volver a ocupar de nuevo aquel cuerpo. Esto a él lo entristeció. Yo le prometí volver a vernos con asiduidad y enseñarle el medio a través del  cual él podría hacer lo       mismo que yo, pero en sentido inverso. Me dijo que esto no lo veía razonable, pero que si yo le ayudaría a buscar a su compañera en alguna Dimensión  del Plano Astral.  Algo tremendamente curioso paso en esos momentos: extendió todo su cuerpo sobre la superficie del Mar; cerro sus ojos y  mentalmente fue memorizando escenas vividas con su compañera años atrás.

De repente noto como si del  fondo del mar surgiese un remolino que en esos instantes le pillo  sin fuerzas para hacerlo frente, aún así, se dejo llevar. La fuerza de este era terrible pues  le hacia sentir sensaciones de desintegración, A pesar de su deseo de superación, agotado y casi sin aliento, de pronto se ve caminando  por  la calle principal de una pequeña Ciudad.   A ambos lados había abundante vegetación. Las casas eran multigeometricas  y todas de color blanco. Fue curioso,  esto me recordaba mi experiencia de   Sendero en mi Vida>.  Él no entendía nada y yo al final  conseguí sentirme bien, pues pensaba que  seguramente había logrado unir a aquellas dos energías: la de mi nuevo amigo y la de su compañera. 

Por unos instantes mi mente quedo en blanco. Cuando volví en mí. Seguía en aquel lugar,  pero ya no captaba la proximidad de mi amigo  Niuk Couk, y pensé que al final se han debido encontrar; si regreso, espero hacerlo a mi cuerpo.  

Recuerdo que no me apetecía  seguir.  Algo debió pasar. De pronto me encuentro de nuevo en la playa. Intento fijar mi vista en la inmensidad. No había nada y de nuevo  pensé que: ¿ tal vez,  ha debido ser un sueño?. Creo que aun debí estar una hora en aquel lugar. Al final regrese a casa.

Autor: profesor Saile Selbor


Comentario: ¿A tí no te gustaría soñar? Yo lo he hecho multitud de veces y te puedo asegurar que cada vez que lo he hecho, siempre he aprendido cosas nuevas.

Me encantaría saber que conclusiones has sacado tu de esta narración:

profesorsaileselbor@gmail.com

Pósdata: A pesar de que cada día de media recibo unos 35 correos: el tuyo  también me lo leere y, como hago con todos, te prometo contestarte.

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“Hay que mostrar mayor rapidez en calmar un resentimiento que en apagar un incendio, porque las consecuencias del primero son infinitamente más peligrosas que los resultados del último; el incendio finaliza abrasando algunas casas a lo más, mientras que el resentimiento puede causar guerras crueles, con la ruina y destrucción total de los pueblos...” Autor: Heráclito.