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Intercambio Energético

elhiotroures @ 08:31

Ocurrió en un recóndito  y solitario lugar de la Gran Nube de Magallanes a unos 170.000 años-luz, una galaxia satélite de nuestra Vía Láctea, en los confines de nuestro  Universo.   

Fué una de esas maravillosas noches cósmicas de la Era de Acuario, me encontraba sentado  al pie de un hermoso árbol,   mi vista perdida en la inmensidad del Universo,  mi mente era un hervidero de sensaciones y pensamientos,  me sentía tan sumamente relajado,  que hubo unos instantes en los que llegue a notar  una  profunda sensación de paz interior,  fue curioso,  no sentía mi cuerpo, era como si todo mi ser vibrase y a la vez flotase.  ¿Que experiencia más maravillosa? ¿Que embriaguez mental me invadía al sentirme inmerso en cada uno de mis pensamientos? Era como si formase parte  de esos cientos de miles de Estrellas que flotaban en el Universo.  Sin  apenas darme cuenta, note una curiosa sensación de evasión interior,  sentí claramente como mi Energía abandonaba mi parte corpórea. ¿Que estupenda  sensación?, la que yo en esos instantes viví. Ya no estaba en aquel  lugar.  Al  igual que sí fuese un crío al que le acababan de regalar un estupendo juguete, debí vagar por el Universo, durante  horas  y horas.  No sentía ninguna sensación física.   

Mi bagaje  fue largo e  intenso en experiencias.   Sin apenas percatarme de lo que en esos momentos hacia,  de repente me sentí tremendamente cansado.  Mi mente se repetía una y mil veces: “descansa”, descansa;  hazlo en el primer lugar que puedas.  Sentir este incontrolable deseo, me dio que pensar: Si en esos momentos era Energía,  ¿para qué tenía  que descansar, ¿aquí pasa algo raro?, esto son cosas del cuerpo y, yo no lo tengo.   Mire una y mil veces en todas direcciones, hasta que  al final, ya cansado, localice en la inmensidad del horizonte Cósmico un diminuto punto semi transparente. Divisarlo, supuso una tremenda  y terrible sensación de miedo.  Como si de un imán se tratase, mi Energía cada vez era más atraída hacia él, a una terrible y cruel velocidad.  Hubo instantes en los que llegue a perder el control de mi propia Energía.  A medida que me aproximaba  a aquel lugar, la sensación de velocidad se iba reduciendo.

De pronto sufrí una especie de lapsus mental,  fue  después de este: como si de una película de ficción se tratase,  pude observar que el lugar al cual se estaba aproximando mí Energía, era el Planeta Azul  o tercer Planeta de un Sistema Solar situado a un lateral de la Vía Láctea. A pesar del miedo  y de esas curiosas sensaciones, seguí avanzando pero de forma  más suave y relajada. Según iba descendiendo, pude observar que me aproximaba a un inhóspito paraje. Cuando estaba a punto de energéticamente tocar tierra, todo mi Ser vibro al observar una espeluznante escena.  Había un cuerpo inerte junto al arcén de una estrecha y solitaria carretera.  Verlo como yo lo vi., a cualquiera le hubiese puesto los pelos de punta.  Del interior de aquel maltrecho cuerpo, con una espeluznante y terrible pasividad salía una radiante y semi transparente Energía, la que a pesar de ser energética, tenía todos los rasgos y características  de aquel cuerpo. 

Cuando logró abandonar  completamente aquella envoltura fisiológica e incorporarse,  su única obsesión era mirar a su alrededor con la idea de ver algo o encontrar a alguien.  Debieron ser unos interminables minutos. El Lloraba amargamente y  lo hacia sin percatarse  ni dar importancia a las formas físicas que deambulaban a su alrededor.  Empecé a  aproximarme a él. Lo hice sin que  apenas se diese cuenta de mi presencia.  Al final contactamos.  Nuestro dialogo fue largo y profundo, duro desde las tres  de la tarde hasta las once  de la noche de aquel  triste día  uno de noviembre de mil novecientos ochenta y uno.  Como experiencia, fue maravillosa.  El me comento sus creencias cristianas, yo le comente la historia de Akhineht. Al final hicimos un pacto: él como Energía retornaría a mi mundo ocupando mi cuerpo, yo intentaría introducir mi Energía  en aquel maltrecho, frío e inerte cadáver.  Ambos intuimos que nuestro pacto nos iba a ser tremendamente duro.  Yo tenia  que incorporarme a una civilización  veinticinco mil años  menos  evolucionada  que la del mundo del cual procedía y, él a su vez, debía hacerlo  a un lugar en el cual dominaban al cien por cien, la Armonía y la auténtica comprensión y sensibilidad cósmicas. Introducir mi Energía en aquel maltrecho cuerpo me resulto tremendamente difícil. 

En el intervalo de nuestro dialogo, su cuerpo fue trasladado a otro lugar. Fueron terribles e infinitos los minutos de búsqueda de mi nueva envoltura. Aunque lo más espeluznante,  era que apenas si me daba cuenta  de la gravedad de mi situación.  Sin  saber como, de repente  me siento caminando  por  el paseo central  de un lúgubre, solitario, curioso, pequeño y bien cuidado  Cementerio.   Inconscientemente fijo mi mirada en el fondo. Me percato  de que en él hay una pequeña estancia en forma de Capilla.  Tremendamente inquieto sigo avanzando con la clásica y terrible sensación de miedo, que a cualquiera le produce caminar solo rodeado a ambos lados de multitud de formas  sepulcrales con la morbosa  sensación de que su interior esta poblado  por variedad de putrefactos despojos humanos. Al final  logro  llegar  al interior de la Capilla y  observo que esta impregnada por una tenue y amarillenta luz.  Sigo caminando hacia el interior de tan lúgubre, nauseabundo y espeluznante lugar. Cuando mi Energía rebasa dicho umbral, una escalofriante escena divisaron mis ojos: encima de una mal cuidada mesa había un mal oliente, sucio y deformado cuerpo el cual reflejaba el comienzo de los clásicos signos de la putrefacción.  Junto a él,  de pie,  había un humano y curioso personaje: este sujetaba  en su mano derecha un bisturí  de cirujano.  Junto a él;  a un lateral  de la mesa había unas compresas de gasa, unos recipientes y varios trozos de hilo, los cuales estaban acoplados a unas curvas y raras agujas. Lo que más me sorprendió,   fue que a dicho individuo se le observaban unas claras intenciones de introducir el bisturí en algún lugar de aquel maltrecho cuerpo. Alrededor de la mesa, habían aproximadamente, unas ocho o diez semi transparentes, horribles y nauseabundas Energías, las cuales tenían raras formas semi humanas las que con sepulcral pasividad  y disimulada satisfacción,  contemplaban y esperaban  el posible desguace de aquel fiambre. 

Tras observar aquellas figuras, de repente, fue tan tremenda y rápida  mi necesidad de introducirme  en aquel cuerpo,  que la reacción que en él produje debió  ser terrible.   Mi mano derecha se puso en posición vertical, creando esta reacción un movimiento rítmico y armonioso en el dedo pulgar de la mano izquierda de mi nuevo cuerpo. Transcurridos los clásicos instantes de impresión y posible miedo, aquel personaje me tomo el pulso, llamo alguien desde un sucio teléfono incrustado  en la pared. Cuando recobre el conocimiento  me encontré sobre una camilla,  en el pasillo  del Hospital  de una pequeña  Ciudad.   De esto han pasado muchos años. A pesar de que el tiempo transcurrido, ha sido  muy duro, lo más valioso  desde entonces, ha sido intentar en cada instante  de esta nueva vida, conseguir sensaciones, deseos y realidades que me permitiesen sentirme en armonía con el entorno en el cual me muevo.  Me han pasado cosas maravillosas.

He aprendido que no siempre son importantes las  actividades que uno realiza, ni que tampoco muchas de ellas merece la pena recordarlas; sin embargo, hay otras que me gustaría repetir una y mil veces.

Es curiosa la satisfacción que produce saber; tiempo después, que estos les han servido para mejorar. Puedo asegurar que resulta tan gratificante  que a veces muchas de esas personas, sin ellas saberlo están creando en mí las  condiciones idóneas para que esa “ Luz” que ilumina el camino de cada individuo,  a mí, me permita ver con algo más de  claridad,  ese gran abismo que hay a los pies de mi destino.

Antes de despedirnos, ambos en aquel paraje: Nos comprometimos a transcurridos entre doce y dieciocho años, volvernos a encontrar en algún lugar de ambos Mundos.

Pósdata: Esta narración ha sido reducida al 33% de su texto original.

 Autor: profesor Saile Selbor

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“Hay que mostrar mayor rapidez en calmar un resentimiento que en apagar un incendio, porque las consecuencias del primero son infinitamente más peligrosas que los resultados del último; el incendio finaliza abrasando algunas casas a lo más, mientras que el resentimiento puede causar guerras crueles, con la ruina y destrucción total de los pueblos...” Autor: Heráclito.