Intercambio Energético
Ocurrió en un recóndito y solitario lugar de la Gran Nube de Magallanes a unos 170.000 años-luz, una galaxia satélite de nuestra Vía Láctea, en los confines de nuestro Universo.
Fué una de esas maravillosas noches cósmicas de la Era de Acuario, me encontraba sentado al pie de un hermoso árbol, mi vista perdida en la inmensidad del Universo, mi mente era un hervidero de sensaciones y pensamientos, me sentía tan sumamente relajado, que hubo unos instantes en los que llegue a notar una profunda sensación de paz interior, fue curioso, no sentía mi cuerpo, era como si todo mi ser vibrase y a la vez flotase. ¿Que experiencia más maravillosa? ¿Que embriaguez mental me invadía al sentirme inmerso en cada uno de mis pensamientos? Era como si formase parte de esos cientos de miles de Estrellas que flotaban en el Universo. Sin apenas darme cuenta, note una curiosa sensación de evasión interior, sentí claramente como mi Energía abandonaba mi parte corpórea. ¿Que estupenda sensación?, la que yo en esos instantes viví. Ya no estaba en aquel lugar. Al igual que sí fuese un crío al que le acababan de regalar un estupendo juguete, debí vagar por el Universo, durante horas y horas. No sentía ninguna sensación física.
Mi bagaje fue largo e intenso en experiencias. Sin apenas percatarme de lo que en esos momentos hacia, de repente me sentí tremendamente cansado. Mi mente se repetía una y mil veces: “descansa”, descansa; hazlo en el primer lugar que puedas. Sentir este incontrolable deseo, me dio que pensar: Si en esos momentos era Energía, ¿para qué tenía que descansar, ¿aquí pasa algo raro?, esto son cosas del cuerpo y, yo no lo tengo. Mire una y mil veces en todas direcciones, hasta que al final, ya cansado, localice en la inmensidad del horizonte Cósmico un diminuto punto semi transparente. Divisarlo, supuso una tremenda y terrible sensación de miedo. Como si de un imán se tratase, mi Energía cada vez era más atraída hacia él, a una terrible y cruel velocidad. Hubo instantes en los que llegue a perder el control de mi propia Energía. A medida que me aproximaba a aquel lugar, la sensación de velocidad se iba reduciendo.
De pronto sufrí una especie de lapsus mental, fue después de este: como si de una película de ficción se tratase, pude observar que el lugar al cual se estaba aproximando mí Energía, era el Planeta Azul o tercer Planeta de un Sistema Solar situado a un lateral de la Vía Láctea. A pesar del miedo y de esas curiosas sensaciones, seguí avanzando pero de forma más suave y relajada. Según iba descendiendo, pude observar que me aproximaba a un inhóspito paraje. Cuando estaba a punto de energéticamente tocar tierra, todo mi Ser vibro al observar una espeluznante escena. Había un cuerpo inerte junto al arcén de una estrecha y solitaria carretera. Verlo como yo lo vi., a cualquiera le hubiese puesto los pelos de punta. Del interior de aquel maltrecho cuerpo, con una espeluznante y terrible pasividad salía una radiante y semi transparente Energía, la que a pesar de ser energética, tenía todos los rasgos y características de aquel cuerpo.
Cuando logró abandonar completamente aquella envoltura fisiológica e incorporarse, su única obsesión era mirar a su alrededor con la idea de ver algo o encontrar a alguien. Debieron ser unos interminables minutos. El Lloraba amargamente y lo hacia sin percatarse ni dar importancia a las formas físicas que deambulaban a su alrededor. Empecé a aproximarme a él. Lo hice sin que apenas se diese cuenta de mi presencia. Al final contactamos. Nuestro dialogo fue largo y profundo, duro desde las tres de la tarde hasta las once de la noche de aquel triste día uno de noviembre de mil novecientos ochenta y uno. Como experiencia, fue maravillosa. El me comento sus creencias cristianas, yo le comente la historia de Akhineht. Al final hicimos un pacto: él como Energía retornaría a mi mundo ocupando mi cuerpo, yo intentaría introducir mi Energía en aquel maltrecho, frío e inerte cadáver. Ambos intuimos que nuestro pacto nos iba a ser tremendamente duro. Yo tenia que incorporarme a una civilización veinticinco mil años menos evolucionada que la del mundo del cual procedía y, él a su vez, debía hacerlo a un lugar en el cual dominaban al cien por cien, la Armonía y la auténtica comprensión y sensibilidad cósmicas. Introducir mi Energía en aquel maltrecho cuerpo me resulto tremendamente difícil.
En el intervalo de nuestro dialogo, su cuerpo fue trasladado a otro lugar. Fueron terribles e infinitos los minutos de búsqueda de mi nueva envoltura. Aunque lo más espeluznante, era que apenas si me daba cuenta de la gravedad de mi situación. Sin saber como, de repente me siento caminando por el paseo central de un lúgubre, solitario, curioso, pequeño y bien cuidado Cementerio. Inconscientemente fijo mi mirada en el fondo. Me percato de que en él hay una pequeña estancia en forma de Capilla. Tremendamente inquieto sigo avanzando con la clásica y terrible sensación de miedo, que a cualquiera le produce caminar solo rodeado a ambos lados de multitud de formas sepulcrales con la morbosa sensación de que su interior esta poblado por variedad de putrefactos despojos humanos. Al final logro llegar al interior de la Capilla y observo que esta impregnada por una tenue y amarillenta luz. Sigo caminando hacia el interior de tan lúgubre, nauseabundo y espeluznante lugar. Cuando mi Energía rebasa dicho umbral, una escalofriante escena divisaron mis ojos: encima de una mal cuidada mesa había un mal oliente, sucio y deformado cuerpo el cual reflejaba el comienzo de los clásicos signos de la putrefacción. Junto a él, de pie, había un humano y curioso personaje: este sujetaba en su mano derecha un bisturí de cirujano. Junto a él; a un lateral de la mesa había unas compresas de gasa, unos recipientes y varios trozos de hilo, los cuales estaban acoplados a unas curvas y raras agujas. Lo que más me sorprendió, fue que a dicho individuo se le observaban unas claras intenciones de introducir el bisturí en algún lugar de aquel maltrecho cuerpo. Alrededor de la mesa, habían aproximadamente, unas ocho o diez semi transparentes, horribles y nauseabundas Energías, las cuales tenían raras formas semi humanas las que con sepulcral pasividad y disimulada satisfacción, contemplaban y esperaban el posible desguace de aquel fiambre.
Tras observar aquellas figuras, de repente, fue tan tremenda y rápida mi necesidad de introducirme en aquel cuerpo, que la reacción que en él produje debió ser terrible. Mi mano derecha se puso en posición vertical, creando esta reacción un movimiento rítmico y armonioso en el dedo pulgar de la mano izquierda de mi nuevo cuerpo. Transcurridos los clásicos instantes de impresión y posible miedo, aquel personaje me tomo el pulso, llamo alguien desde un sucio teléfono incrustado en la pared. Cuando recobre el conocimiento me encontré sobre una camilla, en el pasillo del Hospital de una pequeña Ciudad. De esto han pasado muchos años. A pesar de que el tiempo transcurrido, ha sido muy duro, lo más valioso desde entonces, ha sido intentar en cada instante de esta nueva vida, conseguir sensaciones, deseos y realidades que me permitiesen sentirme en armonía con el entorno en el cual me muevo. Me han pasado cosas maravillosas.
He aprendido que no siempre son importantes las actividades que uno realiza, ni que tampoco muchas de ellas merece la pena recordarlas; sin embargo, hay otras que me gustaría repetir una y mil veces.
Es curiosa la satisfacción que produce saber; tiempo después, que estos les han servido para mejorar. Puedo asegurar que resulta tan gratificante que a veces muchas de esas personas, sin ellas saberlo están creando en mí las condiciones idóneas para que esa “ Luz” que ilumina el camino de cada individuo, a mí, me permita ver con algo más de claridad, ese gran abismo que hay a los pies de mi destino.
Antes de despedirnos, ambos en aquel paraje: Nos comprometimos a transcurridos entre doce y dieciocho años, volvernos a encontrar en algún lugar de ambos Mundos.
Pósdata: Esta narración ha sido reducida al 33% de su texto original.
Autor: profesor Saile Selbor

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